Especies invasoras y biodiversidad

Las especies exóticas invasoras son aquellas especies alóctonas que consiguen establecerse y expandirse en un nuevo hábitat, donde suponen un daño ecológico y económico. La introducción de las especies invasoras puede ser accidental, por ejemplo, el caso del mejillón cebra (Dreissena polymorpha), originario de los mares de Aral, Caspio y Negro, que viajaba pegado a los cascos de los barcos casi como si se tratase del octavo pasajero de Alien (solo que sin atacar a los ocupantes), llegando a causar graves estragos en la cuenca del río Ebro, donde se convirtió en una verdadera plaga. O de forma intencionada, como el caso de la ardilla moruna (Atlantoxerus gelutus), que fue transportada desde el norte de África a  Fuerteventura como mascota para un hotel y que, tras un inoportuno escape, ahora se encuentra en gran número por toda la isla.
Otros ejemplos de esto último son las especies que se introducen de forma intencionada para su aprovechamiento económico. De esa manera, se ha introducido el cangrejo americano (Procambarus clarkii), que, una de sus consecuencias ha sido la de haber desplazado y diezmado las poblaciones del cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes), tanto por la competencia por los recursos como por ser transmisor de un hongo patógeno para estos últimos.
No todas las especies exóticas son invasoras, hay algunas que tienen más predisposición a serlo que otras. La «invasibilidad» o potencial invasivo de una especie viene determinada por ciertos factores, aunque por supuesto solo ocurre cuando se dan determinadas circunstancias en su entorno. Estas características son:
– Que estas especies estén adaptadas a hábitats antropizados (alterados por la actividad humana)- Que sean poco exigentes en cuanto a alimentación, hábitat o clima, lo que las hace tolerantes a diferentes entornos- Que posean una gran capacidad de dispersión
A las especies que cumplen con estas características se las denomina especies generalistas, con mayor capacidad de adaptación frente a las especies especialistas, que necesitan de unas condiciones ambientales muy específicas para su desarrollo pleno.

La gaviota es una especie generalista, muy poco exigente en cuanto a su alimentación, pudiendo comer prácticamente de todo: insectos, carroña, huevos, animales marinos, etc. Incluso es posible verlas en lugares alejados de la costa, como Madrid, donde pueden sobrevivir gracias a la gran variedad de fuentes de alimentación de las que pueden sacar provecho (Fuente: Divulga_medioambiente)
La gaviota es una especie generalista, muy poco exigente en cuanto a su alimentación, pudiendo comer prácticamente de todo: insectos, carroña, huevos, animales marinos, etc. Incluso es posible verlas en lugares alejados de la costa, como Madrid, donde pueden sobrevivir gracias a la gran variedad de fuentes de alimentación de las que pueden sacar provecho (Fuente: Divulga_medioambiente)

Asimismo, la capacidad invasiva de una especie no solo viene determinada por las peculiaridades intrínsecas de esta, como hemos mencionado. Sino que se puede ver más o menos favorecida por las características del ecosistema. Los ecosistemas pequeños y aislados, como las islas, donde suele haber poca variedad de especies y las redes que se establecen entre estas son bastantes sencillas, favorecen la expansión de las especies invasoras. Esto se debe a que las especies autóctonas de estos lugares no han evolucionado en un entorno de elevada competencia, y, por tanto, a menudo carecen de las capacidades de defensa y dispersión.
Este fenómeno también ocurre más fácilmente en los ambientes degradados, donde ya se han alterado previamente las interacciones naturales entre especies por ciertos factores o actividades, como la tala, la contaminación, el cambio climático, la expansión de la agricultura, etc. Lo que facilita el desarrollo de las especies generalistas, que a menudo se convierten en invasoras
Las consecuencias medioambientales que esto tiene son muy variadas, como la depredación de la flora y fauna nativa, aumentar la presión sobre estas especies por la competencia por los recursos, por ser portadora de enfermedades, etc. Todo esto puede derivar en casos de extinción de las especies nativas, algunas de las cuales pueden ser claves para la salud de los ecosistemas, como los animales polinizadores.
Las especies exóticas invasoras también pueden suponer un gran impacto en la economía, entre otras cosas porque suponen graves amenazas para los cultivos, a menudo se convierten en plagas, o pueden transportar enfermedades que afectan a las especies autóctonas e incluso a humanos. Un ejemplo de ello es el mosquito tigre (Aedes albopictus), originario de Asia, que se ha expandido por España y otros países europeos transportando consigo el virus chikungunya, que afecta a los humanos causando altas fiebres y dolor en las articulaciones, además de otros síntomas.
El control de las especies exóticas invasoras es muy caro y complejo, y, como muchas veces suele suceder, la prevención se convierte en la mejor arma. Por ejemplo, a nivel individual podemos escoger no adquirir mascotas exóticas o, si tenemos un jardín, elegir especies de plantas autóctonas. Asimismo, para reforzar la prevención de las invasiones también es necesario un marco legal fuerte que controle, o directamente prohíba, la exportación e importación de especies potencialmente invasoras.
En la actualidad están vigentes varios convenios internacionales para proteger la biodiversidad, como el Convenio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres (CITES) o el Convenio Internacional para el Control y Gestión del Agua de Lastre y los Sedimentos de los Buques (BWM). A nivel nacional existe legislación como la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, que incluye el Catálogo Nacional de Especies Exóticas Invasoras.
Con frecuencia, se considera a las especies exóticas invasoras como una de las principales causantes de la pérdida de biodiversidad y son ampliamente demonizadas por la opinión popular, y realmente así es. Pero en el fondo del asunto, son la transformación de los ecosistemas y la introducción de especies exóticas por parte del ser humano, las que favorecen el desarrollo de este fenómeno en los ecosistemas.

Fuentes de consulta:

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